Nostalgias paternales

IMG-20130622-00197No hay que engañarse, es totalmente incompatible. Me refiero a esto de llevar un blog y, a la vez, ser padre. ¿A quien se le ocurre? El tiempo se me escurre como arena entre los dedos de las manos. Parece ser que alguien ha apretado el acelerador en el motor de la vida y las cosas se han acelerado y pasan delante de mis narices sin que yo pueda tan siquiera olerlas. Este ritmo es frenético, no hay pausas. ¡Zas, zas, zas…! Ahora lo ves… ahora ya no lo ves…
Todo eso hace que resulte casi imposible retener las imágenes… esas impresiones que me brinda la vida. Esos puntos historico-vitales en los que el mundo se mueve y ya nunca vuelves a ser el mismo. Esas huellas que marcan un antes y un después en cada uno de nosotros.

¿Cuándo fue el momento en que consiguió de una vez por todas coger torpemente ese lápiz y llevárselo a la boca? ¿Dónde estaba yo cuando dijo por vez primera “pa…pá”? Esa niña que duerme espanzurrada en mi cama… ¿Es la misma que la de la noche anterior? No puede ser… ¡parece haber crecido en cuestión de horas! ¡Qué brazos tan largos tiene! ¡Y esa carita…! ¡De repente ha dejado de ser la de un bebé! Ahora… ¡Ahora es una preciosa niña de cabellos imposiblemente rizados…!

Y mira que te tengo dicho que no crezcas cuando estoy fuera de casa. Pero nada de nada, Tú erre que erre; sigues adelante en este inevitable devenir de la vida, y creces y creces sin que tu papá pueda darse cuenta de ello. Y yo me alegro por ello. Imagínate que te quedaras así de chiquitina de por vida… pero tambien tengo ganas de poder retener en la memória tu imagen, así, tal como estás ahora; pequeñita, cándida, alegre, entusiasta, atenta, con esa carita de puchero que tanto me gusta a mí…

Porque si uno no se planta y abre mucho, mucho los ojos y las orejas… resulta que se pierde las cosas. Así de fácil. Así de cruel.

Mañana tengo mi primera reunión de guardería. ¿Cómo puede ser? ¡Pero si era ayer por la tarde que no sabía llevarse la cuchara a la boca sin dejar el suelo perdido de garbanzos! Ahora la veo, con su carita de ojos vivos deseosa de que llegue el gran dia. Y yo, no lo puedo evitar; me emociono. Y la profesora me pilla infraganti justo cuando esa lágrima traidora se me escurre por la mejilla. Yo, por mi parte, intento mantener el estatus de tipo duro que nunca he sido; “Es que soy un poco sensiblón” le digo torpemente, así, por decir algo. “tranquilo” me dice ella “que no le va a pasar nada”.
No que va. Solo va a crecer, crecer y crecer.

Y yo me alegro… pero tambien me emociono. ¿¡Qué le voy a hacer!?

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